Mira, Platero; el canario de los niños ha amanecido hoy muerto en su
jaula de plata. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo.... El
invierno, tú te acuerdas bien, lo pasó silencioso, con la cabeza
escondida en el plumón. Y al entrar esta primavera, cuando el sol hacía
jardín[1] la estancia abierta y abrían[2] las mejores rosas del patio,
él quiso también engalanar la vida nueva, y cantó; pero su voz era
quebradiza y asmática, como la voz de una flauta cascada.
El mayor de los niños, que lo cuidaba, viéndolo yerto en el fondo de la
jaula, se ha apresurado, lloroso, a decir:
--¡Pues no le ha faltado nada; ni comida, ni agua!
No. No le ha faltado nada, Platero. Se ha muerto porque sí--diría
Campoamor, otro canario viejo[3]....
Platero, ¿habrá[4] un paraíso de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde
sobre el cielo azul, todo en flor de rosales áureos, con almas de
pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos?
Oye; a la noche, los niños, tú y yo bajaremos el pájaro muerto al
jardín. La luna está ahora llena, y a su pálida plata, el pobre cantor,
en la mano cándida de Blanca, parecerá el pétalo mustio de un lirio
amarillento. Y lo enterraremos debajo del rosal grande.
A la primavera, Platero, hemos de ver al pájaro salir del corazón de una
rosa blanca. El aire fragante se pondrá canoro, y habrá por el sol de
abril un errar encantado[5] de alas invisibles y un reguero secreto de
trinos claros de oro puro.
jaula de plata. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo.... El
invierno, tú te acuerdas bien, lo pasó silencioso, con la cabeza
escondida en el plumón. Y al entrar esta primavera, cuando el sol hacía
jardín[1] la estancia abierta y abrían[2] las mejores rosas del patio,
él quiso también engalanar la vida nueva, y cantó; pero su voz era
quebradiza y asmática, como la voz de una flauta cascada.
El mayor de los niños, que lo cuidaba, viéndolo yerto en el fondo de la
jaula, se ha apresurado, lloroso, a decir:
--¡Pues no le ha faltado nada; ni comida, ni agua!
No. No le ha faltado nada, Platero. Se ha muerto porque sí--diría
Campoamor, otro canario viejo[3]....
Platero, ¿habrá[4] un paraíso de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde
sobre el cielo azul, todo en flor de rosales áureos, con almas de
pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos?
Oye; a la noche, los niños, tú y yo bajaremos el pájaro muerto al
jardín. La luna está ahora llena, y a su pálida plata, el pobre cantor,
en la mano cándida de Blanca, parecerá el pétalo mustio de un lirio
amarillento. Y lo enterraremos debajo del rosal grande.
A la primavera, Platero, hemos de ver al pájaro salir del corazón de una
rosa blanca. El aire fragante se pondrá canoro, y habrá por el sol de
abril un errar encantado[5] de alas invisibles y un reguero secreto de
trinos claros de oro puro.